Circulo Psicoanalítico Freudiano

El Complejo Fraterno y sus cuatro funciones

Dr. Luis Kancyper (*)

Introducción
 No cabe duda de que la etiología  relativa a la contracción de una neurosis es altamente compleja. Dentro de su policausalidad  extrajimos -a partir del encuentro sorprendente  con el material clínico de Marcos, de ocho años de edad-  algunas piezas esenciales del anudamiento etiológico  que posibilitan ampliar y profundizar  la metapsicología y la técnica desde la práctica psicoanalítica.
 El proceso analítico de Marcos  nos ofreció algunas respuestas a lo señalado por Freud  (1916) : “No pretendo sostener que el Complejo de Edipo  agota el vínculo de los hijos  con los padres;  éste puede ser mucho más  intrincado”. (12)
 En efecto, este caso representa  una muestra elocuente  de la importancia nodal  que ejerce el Complejo Fraterno -por su propia envergadura estructural, y además, por su articulación  con las dinámicas   narcisista y edípica-  en la estructuración y desestructuración  de las realidades  intrasubjetiva, intersubjetiva y transubjetiva.
 Asimismo, su estudio nos ha ofrecido la oportunidad de poner de relieve cómo las situaciones  traumáticas  no resueltas de los progenitores  alcanzan a ejercer notables influjos tanáticos  en la transmisión intergeneracional.

 Desarrollaré los siguientes temas:
1. Trauma y repetición en las relaciones  parento-filiales.
2. Marcos y el insight.
3. Narcisismo,  Complejo de Edipo y Complejo Fraterno.
4.  El orden del nacimiento de los hermanos, es el destino?
5. Rivalidad y protesta fraternas.
Epílogo: El Complejo Fraterno y sus cuatro funciones.
 

1. Trauma, culpa y repetición  en las relaciones parento-filiales.

Ésa es la suerte de la casa de Lábdaco. Sobre los que murieron hace tiempo, azotados por ella, vienen desdichas nuevas  a oprimir a los que nacen. Ninguna generación  queda indemne. Y va de generación en generación.

                               Antígona, Sófocles   (28)

 El nacimiento de un hijo suele resignificar ciertas  situaciones traumáticas  de los padres  que habían sido acalladas durante años y sólo cobran un nuevo significado  a posteriori,  a partir del investimiento  identificatorio  de sus historias no procesadas en alguno de sus descendientes. De ese modo, suele reinstalarse  la compulsión repetitiva  de  una ciega escalada de sufrimientos, que finalmente se cristaliza en un inexorable destino  de culpabilidad y de necesidad de castigo entre las generaciones.
 En efecto, resulta posible que los padres recién comienzan  a recuperar algunos capítulos  de sus propias historias no elaboradas ni integradas, a partir de los efectos  provenientes de ciertas marcas traumáticas con las que  habían inconscientemente  identificado a alguno de los hijos.
 El proceso de la historización de esos acontecimientos traumáticos, padecidos por los progenitores, posibilita desandar el camino identificatorio en el hijo e  inaugurar otro proceso fundamental  que se opone a la compulsión  repetitiva de Tánatos:  la desidentificación.
 La desidentificación en los progenitores  y en el hijo involucrado con la historia  de alguno de los padres, puede dar acceso al reordenamiento  de ese topos identificatorio que funciona reteniendo  a ambas generaciones en una repetición a-histórica.
 En cambio, la nueva historización que se consigue en el trabajo psicoanalítico, posibilita desarticular la historia en sus elementos, recomponerla, enriquecerla y darle otros sentidos  y derroteros a los traumas. Puede relativizarlos, cambiar el sentido e intercambiar los puntos de impacto de las situaciones traumáticas  y las figuras implicadas en ellas. Se abre así un abanico de consecuencias posibles y un futuro.

 Las primeras entrevistas con los padres y las sesiones individuales  y vinculares de Marcos  confirmaron, desde el vamos, una observación analítica de Willy Baranger: “El trauma  no miente. El trauma protesta, exige la repetición, manda hasta que se lo explicite. El trauma tiene su memoria. (5)
“El “trauma” psíquico  comienza  a tener existencia  en un psicoanálisis  cuando se reconoce  como tal, sea de parte del analizado, sea de parte del analista. Adquiere su estatuto pleno cuando ambos  caen en la cuenta de que esto, antes no nombrado, no fechado, no explicitado, tuvo un papel etiológico determinante  en una serie de acontecimientos  y de trastornos ulteriores. La teoría freudiana  del trauma “en dos tiempos” permanece  nodular en nuestro concepto del trauma, tanto en la exposición de un caso como en la reconstrucción del mismo que operamos con el analizado. El trauma es inseparable del proceso de historización.
El primer tiempo del trauma ( lo pre- traumático, podríamos decir) recibe su valor etiológico   a partir del segundo, de su reactivación por un acontecimiento, a lo mejor trivial, pero fechable y nombrable,  y por la historización analítica que vincula ambos tiempos. El primer tiempo del trauma  permanece mudo  hasta que  “nachträglich” se le permita hablar y constituirse en trauma”. (Baranger M., Baranger W., Mom J.) (4)
 

 Los padres de Marcos solicitaron la consulta  de común acuerdo con el niño, porque éste presentaba una severa inhibición  en los deportes y en sus relaciones sociales. Era un alumno brillante, pero sufría por su aislamiento y por las reiteradas provocaciones masoquistas dirigidas a los compañeros. Era burlado y maltratado físicamente en el transporte escolar. Esta relación se reeditaba  con su hermano menor, generándose entre ambos  un clima de extrema violencia. Los padres se sentían totalmente inermes. No podían regular la rivalidad y los  estallidos de afectos hostiles entre ellos. No podían implementar pautas básicas  de comportamiento, instrumentando medidas de penitencias progresivas  que acentuaban la violencia familiar.
 
 

El temórmetro
 La metáfora "temórmetro"  apareció sorpresivamente  en las primeras entrevistas que mantuve  con los padres de Marcos. La pronunció Alejandro, ingeniero de treinta y seis  años de edad, para describir  su habitual estado de ánimo, poblado de temores  y controles interminables.
 “La muerte dentro de la vida es una posibilidad muy presente. A mí me sorprende que nadie se muera joven. Mi hermana  Evangelina se murió a los dieciocho años de un infarto, en mis brazos; yo tenía  entonces dieciséis. Desde que nació tuvo un problema cardíaco  y era asmática. Pienso que mis padres no la atendieron bien. Tampoco a mí.
 Yo nací con miopía  en el ojo derecho, que si se hubiera detectado a temprana edad no se hubiera atrofiado. Y mire, mi padre en el 80 se agarra una melanoma en el ojo. Le extirparon el ojo y le pusieron un ojo protésico. El me dijo: -"Pagué  con un ojo de mi cara lo de tu ojo." Yo tengo un camión de bronca con los dos, mucho más con mi padre.
 En ese camión mi mamá va en el chasis y en el acoplado va mi padre. A él le tengo una bronca muy grande, porque no registra a los demás. Mi padre no conversa, da cátedra. Yo siento que con él no se puede hablar." (Pausa).
Yo tengo que hacer un esfuerzo para que Marcos salga del manual de mi cuidado. Admito tener un cuidado excesivo sobre él.
Estela (Mamá de Marcos):  -Me alivia bastante el que estemos  hablando de estos temas. Porque mi marido se pone  imposible con los cuidados. Si no hago lo que él cree, me siento como una madre que abandona a los hijos.
 Creo que lo que Alejandro no puede es abandonar el rollo que tiene con su hermana. (Se sonríe).
Le pregunto:
- A qué se debe su sonrisa?
 - Me sonrío porque recién me acordé de algo que nunca le comenté a Alejandro. En la casa de mi suegra hay una foto de los quince años de Evangelina. Parece cosa de mandinga, pero yo usé para mi fiesta de quince un vestido parecido al de ella y hasta los mismos zapatos de charol. Por eso me sonrío. Pero le sigo diciendo que, además, estoy  harta de los reproches que él mantiene con sus padres. Por eso creo que teme que Marcos pueda reclamarle algo a él.
Alejandro: -Sí, Marcos me tiene que vivir a mí como algo maravilloso y perfecto.
 Estela: -Pero no le dice a él sus problemas. Me los dice a mí. Con él se los calla.
 Alejandro:  -Entonces al final repito casi la misma relación  que mantuve y mantengo con mi padre. Ante ellos yo sigo callándome.
Le señalo al padre que  él permanentemente  mira a su hijo  a partir del peligro y de la culpa  y que además teme que el hijo pueda llegar a reclamarle aquello que su propio niño en él aún sigue  reclamando a sus propios padres.
 Además, les comento a ambos que los temas que surgieron en esta entrevista son de suma importancia para poder llegar a comprender algunos aspectos de los conflictos que padece Marcos y que sería deseable que continuaran profundizándo  cada uno en sus respectivas terapias individuales.
 A la semana siguiente, Alejandro comienza la entrevista diciendo:
 -Doctor,  hace veinte años que no voy a la tumba de mi hermana. Mi hermana había pedido que la cremaran. Las cenizas las pusimos en una urna  y la enterraron debajo  de un árbol del campo.
  Cuando mi abuelo falleció se dividió la herencia  y ese lugar quedó en el campo de mi tío. Entonces fuimos a desenterrarla  debajo de aquel árbol y no encontrábamos la urna.
 Finalmente apareció la cajita y la trajimos a un cementerio privado. Después nunca más pasé por ese lugar puntual.
 Ayer fui con mi mamá al cementerio. Ella tiene una cantidad de cincuenta o cien fotos y tiene objetos que eran de ella. Los chicos hablan  con mi mamá de la tía Evangelina. (Pausa).
 El tema de la alerta está presente en mí. Reconozco que soy un rompepelotas y que la presiono a mi esposa.
Estela: -Me vuelve loca. Tengo que darle un parte diario de que todo marcha y está bajo control. El viernes cuando Marcos fue al campamento me preguntó si me fijé cómo estaban las gomas del micro, cómo era el chofer. Yo reconozco que antes yo no era tan aprehensiva, ni soy tan miedosa. Pero él mete una presión infernal.
Alejandro: -Sí, el cuidado no termina nunca en mí, es infinito. Yo tengo un  temórmetro.
 Analista: -Un termómetro?
 Alejandro: -No, temórmetro. Yo tengo un máximo de recaudos, que sé que es absurdo y admito que lo afecta a Marcos. Yo mido todo a partir de mis temores. Le meto todo tipo de medidas de “inseguridad”. Vivo a la espera de que alguna catástrofe  vaya a ocurrir y la realidad se ocupó de alimentar y darle  razón a mi manual de cuidados.
 El año pasado entraron tres ladrones  en mi casa, me apuntaron con un revólver y me llevaron arriba. Después llevaron a mi mujer. Los chicos veían todo eso y los encerraron con la empleada en el baño. Decían:  -¿A cuál de los chicos vamos a apuntar? Uno va a morir.
 Finalmente se llevaron todas las alhajas, el dinero y no pasó a mayores.

La iluminación ¿de qué otro modo llamar a esa luz aportada por la palabra temórmetro, que abrió  el abanico de los pliegues de la memoria del padre atizada de traumas, culpas, reproches y miedos? Este término tuvo un fuerte impacto en mí, como analista.
 Sus efectos, en vez de atenuarse, se expandían y me invitaban  a ingresar a un desconocido combate psicoanalítico  para quebrantar la repetición en los hijos de los padecimientos que acechan  a los padres, anegados  por situaciones traumáticas.
El pedido de Estela: -Doctor, Alejandro se pone imposible con los cuidados, mete una presión infernal. Me vuelve loca. Tengo que darle un parte diario de que todo marcha y está bajo control. Y el sinceramiento del padre: -El cuidado no termina  nunca en mí. Es infinito. Yo tengo un máximo de recaudos que sé  que es  absurdo y admito que lo afecta a Marcos. Ambas expresiones me remitieron a mi metáfora de “sobremuriente” y su relación con los duelos patológicos.
La entrevista con los padres y las  sesiones individuales con Marcos pusieron de relieve los efectos patógenos generados por la enfermedad crónica de Evangelina y por su temprana muerte. Éstas fueron situaciones traumáticas largamente padecidas por Alejandro y por los abuelos del niño, quienes permanecieron enquistados atemporalmente en un duelo patológico.
 Hay aquí un duelo por un “muerto vivo” que continúa extendiendo sus efectos  en Marcos y en su hermano Diego. Este duelo familiar convirtió a Alejandro, el hijo sobreviviente, en un hermano sobremuriente.
 Esto suele acontecer cuando el muerto permanece fantasmáticamente  habitando y persiguiendo a los vivos, para raptarlos primero y conducirlos después hacia las profundidades de su ominoso  reinado.
 “El sobremuriente  edifica su cosmovisión  a partir de los cimientos  defensivos de los mecanismos  de la huida, del control y del ataque, para preservarse de la castración- muerte.
 Vive para salvarse  a través de un reaseguramiento permanente, para no sufrir el destino del hermano muerto.  Pero paga su derecho a la existencia mediante una cuota permanente de sufrimiento. Privilegia la evitación del displacer, en vez de la búsqueda de placer, pero finalmente no cesa de sufrir. Y es precisamente la tensión de la incertidumbre la que lo preserva  de la total ausencia de tensión que rige al Principio de Nirvana. Parafraseando a los poetas: “morirse la vida, vivirse la muerte”.
 El hermano sobremuriente presenta una relación singular con la temporalidad.
 Todo proyecto se sustenta y apunta hacia  la dimensión temporal del por-venir. Pero el porvenir, en el sobremuriente, está invadido por la acechante fatalidad  de un pasado, que no permanece en el pasado. Porque este tiempo pretérito ocupa las tres dimensiones temporales. Tanto el presente como el futuro se hallan  subsumidos por un pasado particular. Este pasado obsesiona  con sentimientos de pánico, de terror, de indefensión y de inquietud, surgidos por la pervivencia de este doble ominoso que perturba la estructuración del proceso de la identidad en el hermano sobremuriente y en sus descendientes”.  (Kancyper, 1991) (18)
En efecto, Evangelina, como un muerto-vivo, se erigió en el eje central de la vida psíquica del padre de Marcos, ejerciendo sus influjos  en la elección de su pareja y en sus vínculos con los hijos, llegando él al extremo de fraternizar sus funciones conyugal y  paterna.
De este modo Alejandro, anegado de angustias y de culpas edípicas y fraternas no elaboradas, identificó inconscientemente con falsos enlaces a Marcos, el hijo mayor, con el temido y aciago destino de su hermana mayor. El hijo menor, Diego, permaneció identificado como su doble especular, aparentemente sano e invulnerable, reforzando Alejandro los controles y angustias sobre el hijo mayor y despreocupándose del menor.
Esta marcada diferencia en la distribución libidinal parental contribuyó, con otros factores actuantes, a generar entre los hermanos una violenta e indominable rivalidad, cristalizándose una elocuente “división del botín”: una simbiosis padre–hijo entre Marcos y Alejandro y otra simbiosis  madre–hijo entre Estela y Diego, perturbando en ambos niños los procesos de la identidad.
El abordaje clínico de la enconada  rivalidad entre los hermanos ,como una de las manifestaciones de los aspectos tanáticos del complejo fraterno, operó durante varias fases del proceso terapéutico como un atajo analítico  por donde se facilitaba y a la vez abreviaba el camino elaborativo  para acceder a la dilucidación y superación de las conflictivas narcisista y edípica
Considerando ,sin lugar a dudas, la preponderancia del complejo de Edipo .en “el papel fundamental que desempeña en la estructuración de la personalidad y en la orientación del deseo
humano.”(24)y como núcleo de las neurosis.
 
 

2. Marcos y el insight

Marcos es un niño delgado y desgarbado.
Tiene grandes ojos claros; su mirada huidiza es poco brillante. Su andar es torpe. Manifiesta tener dificultades para expresarse en el dibujo; en cambio, su expresión verbal es precisa y fluida.
Marcos es un ávido lector y muy formal en su vestir; le atraen los deportes. Conoce con un minucioso detalle los nombres de los jugadores locales e internacionales de fútbol y de tenis. Él no practica ningún deporte. Tiene severas inhibiciones con su agresividad. Se paraliza ante la pelota. Le resulta difícil  socializarse. Ningún compañero del colegio lo invita a su casa. Es un niño aislado y triste.
Marcos es  consciente de sus padecimientos y desea resolver sus conflictos.  Su sensible  capacidad para comprender los procesos psíquicos facilita la adquisición del insight en la situación analítica. Es un buceador de verdades. Tiene coraje para enfrentar y resolver los obstáculos. Es un niño tenaz y entusiasta.
Desde el vamos,  se estableció en el campo analítico una dinámica transferencial-contratransferencial positiva, , acompañada de una activa participación  de los padres,  quienes operaron como valiosos aliados del proceso terapéutico.
Escuchemos a continuación la voz de Marcos en una sesión correspondiente a los diez meses de haber iniciado el proceso analítico:

Marcos: -Yo tengo papá de sobra, tanto papá, papá, papá. No quiero ser su preferido. Él está muy pegado a mí. Exagera. ¡Cuidado! que te vas a romper la cabeza, me decía antes.
Él no jugaba al fútbol, temía ser lastimado. Él tenía miedo a que me duela la cabeza,  que me la rompa.
Analista: -Vos, antes, también estabas pegado a papá y a los miedos que eran de él. Esos miedos se te pegaron finalmente y no te permitían jugar.
Marcos: -Yo tenía miedo. Cuando venía una pelota para cabecear me cubría con las manos y no cabeceaba. No me metía en el partido. Temía que me iba a doler. Ahora no me pasa eso. Ahora cuando  viene una pelota la cabeceo.

Abre su caja de juegos, saca un papel y arma con él una pelotita. Me dice: -Tirámela, quiero ver cuántas pelotitas llego a cabecear.
De las seis pelotitas, cabecea cuatro bien. Le señalo que él me quiere mostrar con alegría  cómo están mejorando sus miedos y cómo se diferencia de su papá.
Se sienta y me dice: -Mamá no exagera tanto como papá; y a mí me exigen mucho  más que a Diego.
Conmigo los dos son mucho más exigentes. Por supuesto, al hijo mayor se le exige más. ¿Por qué a Diego se le exige menos? Eso me da celos.
Analista: -¿Los celos serán por eso únicamente, o además por lo que me contaste en la última sesión, que según vos mamá está más con él?
Marcos: -Yo no veo que en casa esté más con Diego, pero sé que mamá esta con él y lo defiende.
Cuando papá sale tanto conmigo y no con Diego, pienso: él está con mamá y yo no. Y no te lo voy a ocultar, cuando vengo me la agarro con Diego y lo reviento.

En esta sesión  “se hacen oír” los siguientes temas:

a) Las identificaciones especulares con el padre.
b) La situación conflictiva con el complejo materno.
c) El primogénito y el segundogénito, sus relaciones con la rivalidad y la protesta.
d) La función defensiva y elaborativa  del complejo fraterno: “Cuando papá sale tanto conmigo y no con Diego pienso: él está con mamá y yo no. Y no te lo voy a ocultar, cuando vengo me la agarro con Diego y lo reviento”.

Estos temas serán luego ampliados y desarrollados teóricamente, pero antes transcribiré tres sesiones individuales de Marcos para poner en evidencia los pasos que preludiaron a su insight de la sesión correspondiente al mes de mayo, en la que descubrió y  discriminó  la presencia de una doble simbiosis familiar.

El insight no es el repentino resplandor que despunta a partir de una mágica epifanía: es producto y conclusión de un paciente trabajo de elaboración en el que se tramitan graduales y progresivas transformaciones. Éstas, en un momento dado, se cuajan y redondean  de un modo súbito,  iluminando y  discriminando la realidad psíquica.
Para M. Baranger el insight  como visión interior estructurada implica discriminación e integración. “Es la discriminación que permite  evolucionar a la estructura por redistribución de sus elementos e inclusión de elementos nuevos en una estructura ampliada”. (3)
A continuación transcribiré las sesiones: “El diferente”, correspondiente al mes de febrero, y “Menos papá”,  correspondiente al mes de abril,  en la que se procesaron momentos de cambio que desembocaron finalmente en la sesión del insight del mes de mayo.
 En esta sesión, Marcos comentó: -Había solo dos miembros de la familia: papá-Marcos y mamá-Diego; y hace un mes que somos cuatro. Yo antes pensaba que Diego estaba con mamá y yo con papá. Ahora no. Ahora estamos los cuatro en  partes iguales como en una familia común. Antes era un despelote.

“El Diferente” (febrero)

Marcos: - Mis amigos caminan solos por la calle.Yo ya tengo diez años y a mí no me dejan.
Me prometieron que a los doce me lo van a permitir. Siento que en eso soy diferente. Me siento diferente a los demás.
Quiero seguir insistiendo en lo que ayer empezamos a hablar con mi papá y no pudimos terminar de hablar.
Para meterme en la pileta del club me tienen también que controlar.
La mitad de los chicos se acuestan a las diez y media y la  otro mitad a las nueve y media. ¿Por qué no me dejan ir a acostarme a las diez? Y el fin de semana solo hasta las doce y media.
Analista: -Vos sentís una falta de libertad no solo fuera de tu casa, sino en tu propia casa también.
Marcos: -No en mi casa. En mi vida.
Porque no es sólo en mi casa que toman demasiadas precauciones,  es en todos lados. Hay películas que todos mis amigos han visto y a mí no me dejan. El Gladiador la vieron todos y dijeron que era buenísima. Pero mi papá dice que tiene que ir primero a verla, para averiguar si puede ser buena para mí.
Analista: -Creo que todo esto que me contás te produce una bronca bárbara.
 Marcos: -Y, es obvio que siento bronca.
Analista: -Sí, pero  la ocultás a tu padre y la descargás finalmente sobre tu hermano.
Marcos: -Puede ser.
Analista: -Pero si te peleás con tu hermano no te enfrentás con quien te tendrías que enfrentar y hablar y así siguen sin solucionarse tus problemas.
Marcos: -Sí, puede ser.
Analista: -Me pregunto, Marcos, si también no te animás a decirme cosas que no te gustan de mí.
Marcos: -Las que no son importantes no te las digo.
Y es verdad que a veces te las digo, pero cuando ya me están pasando. Algunas cosas te oculto. O te las digo después de un tiempo que te las tengo que decir, pero al final llego a decírtelas.
Analista: -¿Y por qué a papá y a mamá no les decís lo que pensás y sentís? Vos sabés, vos tenés claro lo que te pasa.
Marcos: -Te las digo a vos. Antes me lo ocultaba totalmente. No lo decía a nadie. Ahora que estoy con vos en tratamiento te las digo por lo menos a vos.
Analista: -Pero hoy vemos que a veces te postergás en decirme ciertas cosas y con tus padres no te animás.
Marcos: - No es que no me animo, es que ese tema no quiero que lo sepan ellos porque pienso: ¡Qué van a pensar de mí!
Se levanta la remera y me muestra que esta semana agregó un nuevo tatuaje a la colección que tiene adherida sobre la piel.
Le señalo que, finalmente, él se destapa, y no me oculta que está disfrutando más de su cuerpo. Pero todavía ¿qué es lo que permanece cubierto?.
Marcos: -Antes yo sentía que yo tenía menos cuerpo que todos. Ahora no, sólo menos que dos o tres chicos.

¨Menos papᨠ(abril)

Marcos: -Me parece que hizo efecto la charla que tuve con mi papá.
Ahora no está sólo conmigo. También está con Diego.
Analista:-¿Y esto qué te hace sentir?.
Marcos: -Que tengo menos papá. Pero me siento mejor. No es que tengo menos papá, ¿entendés? Sino que está por igual.
Analista: -¿Qué te producía la diferencia con tu hermano?.
Marcos: -Culpa. De que papá era todo para mí y nada para Diego. Esto me afloja.

Abre su caja de juego y me invita a jugar nuevamente con una pelotita de papel al Pape-futbol. Este término lo creó Marcos. El Pape alude al papel y a papá. Este juego de la rivalidad con el padre transferido en mi persona se reiteraba  con frecuencia. A veces alternaba con otro juego de competencia: el juego del truco.
A la semana siguiente  comenta con aire de triunfo:
-Últimamente lo pude convencer a mi papá. Yo quería ir con él a la cancha para ver el partido del seleccionado de Argentina, y empezó a decir que era peligroso. Pero yo le insistí  y le insistí y aceptó, y no pasó nada.

Sesión del insight  mes de mayo

Marcos: -Me parece raro. Pasó una semana y no los extraño. No sé por qué. Y es más, papá cuando se va por tres días al campo lo extraño y ahora que se fueron los dos juntos, no sé porqué no los extraño. (Pausa).
Yo antes pensaba que Diego estaba con mamá y yo con papá.
Ahora no, están en partes iguales, como una familia común. Antes mi familia era un despelote.
Analista: -En qué era un despelote?
Marcos: -Porque habían sólo dos miembros de la familia, papá-Marcos y mamá–Diego y hace un mes o un mes y medio que somos cuatro. Fue después de la semana  que hablé aquí con vos y con papá  en el consultorio y él lo entendió bien.
Analista: -Pero también vos lo entendiste bien.
Marcos: -Yo, ya lo veía al problema hace bastante. Desde que vos me dijiste cuál era el problema. Pero por suerte papá lo entendió bien y cambió. También mamá cambió. Los dos se dieron cuenta de lo que estaba pasando.
Analista: -También  está tu propio cambio. Ahora les hablás de frente.
Marcos: -Sí, es verdad. Ahora me animo a decirles lo que me parece en realidad, lo que siento en realidad. Antes les ocultaba lo que me pasaba.
Analista:  - ¿Y conmigo  qué pasa?
Marcos: -Con vos es diferente. El primero en enterarse de mis problemas sos vos. Después  empecé a contarles a ellos y ahora me animo y les cuento a ellos. Y si tengo una discusión, les digo lo que  me gustó de ellos y lo que no me gustó de mí también.
También me doy cuenta bastante rápido de lo que me gusta de mí y de lo que me equivoqué.
Papá me dice que le gusta que le discuta y mamá también.
Analista: -¿Y a tus abuelos, les contás tus problemas?
Marcos (Se ríe): -No. Yo no les cuento nada. Y si me preguntaran no les contaría mis problemas. Mi abuela es muy pesada, muy pesada. ¡Es más hincha! Parece una nena. Te habla de cualquier cosa. Y al teléfono tenés que tenerlo a la distancia porque te aturde. No termina nunca de preguntar. No se desprende. (Pausa).
Ayer vino a mi casa un amigo, Hernán  y me dijo:  -¡Che, dejá de pelearte  todo el tiempo con Diego!  Para qué vine. Dejen de pelearse y de insultarse!
Él tiene razón, ya me hinché de pelearme con Diego.
Analista: -Parece que por un lado querés tener amigos que no tienen que ver con lo que te pasa  con papá, con mamá y con tu hermano. Pero por otro lado seguís pegado a tu hermano y te cuesta desprenderte de él, parecido a lo que le pasa a tu abuela que no corta el teléfono.
Marcos: -Sí, puede ser.
Analista:  -Un amigo puede llegar a ser como una ventana que se abre  al mundo para poder mirar qué pasa fuera de la casa, de la familia.
Marcos: -Sí, por supuesto. Es una compañía nueva. Yo quiero divertirme. Quiero pasar un buen rato con un amigo para no aburrirme. Es medio raro lo que me pasa con Diego. Me peleo demasiado con él sin darme cuenta y no lo logro descubrir. Yo quiero  estar un tiempo con mi familia, pero no  todo el tiempo.

En  esta sesión  se perfilan  las discriminaciones en la doble simbiosis familiar. Mientras que  antes Marcos permanecía  absorto y confundido en la indiferenciación, ahora, al confrontar a sus padres, comienza a desalienarse de las identificaciones  alienantes  con la historia  traumática parental y posee una disponibilidad libidinal para desasirse del excesivo control y poder detentados por los padres. Al mismo tiempo que  comienza a resquebrajarse la relación sado-masoquista fraterna, empieza a investir nuevas relaciones  exogámicas  a través de la búsqueda   ambivalente  de los amigos.
"La amistad es una relación de hermandad elegida, no impuesta por lazos consanguíneos, en la  que se desactivan los deseos edípicos  y  fraternos puestos  en movimiento  por la aspiración fálica de alcanzar a ser el heredero único y el preferido hijo de un padre-madre-Dios.
En la amistad se establecen relaciones de objeto exogámicas, aunque con facilidad pueden volver a filtrarse con las conflictivas  narcisistas y parentales. En ella, los lazos consanguíneos  son reemplazados por los lazos sublimatorios.
El amigo ejerce  una función de acompañamiento  en los estados angustiosos de soledad y de situaciones conflictivas relacionadas  con la familia y con la sociedad. Al configurar una lógica horizontal de una solidaria confraternidad, posibilita procesar el desasimiento del poder vertical ejercido por los padres". (Kancyper, 2001) (21)
En la amistad, y a diferencia de la relación  parento-filial y entre los hermanos, se desactiva la relación de poder. Ésta impide su surgimiento y su    preservación.
Pregunta Nietzsche:
   ¿Eres un esclavo? Entonces no puedes ser amigo.
   ¿Eres  un tirano? Entonces no puedes tener amigos.

 Para H. Mujica, la amistad engendra singularidad. Es la forma que toma la intimidad cuando incluye la distancia. La equipara a un nudo desatado y a un  pacto de gratuidad  que se sostiene  ante todo a partir  de la consideración del otro. Implica un dejarse elegir, una entrega, pero “sin hacerme suyo”; incluye a los otros, pero sin fusión, ni física, ni espacial. (25)
 

3. Narcisismo, Complejo de Edipo y Complejo Fraterno.

El yo transita y convive entre dos realidades:  la  realidad narcisista y la realidad  derivada de la castración. De estas dos realidades es la segunda la que habla, la visible, siendo la primera la oculta, la más inaprehensible y fantasmal. (Aragonés 1999) (1)
En las dos sesiones que transcribiré a continuación sale a la luz la realidad narcisista de Marcos, con su dos mecanismos de la desmentida y la escisión, mecanismos que Freud describió en el Esquema de psicoanálisis (1938). Dice: "Se forman dos posturas psíquicas en  vez de una postura única:  la que toma en cuenta la realidad objetiva, la normal, y la otra, que bajo el influjo de lo pulsional desase al yo de la realidad. Las dos coexisten, una junto a la otra. El desenlace depende de la fuerza relativa de ambas". (Freud, 1938)
En la  primera sesión la madre del niño solicita entrar al consultorio con él  para informar acerca de algunos de sus comportamientos durante las vacaciones de invierno del segundo año del  proceso analítico. En la segunda sesión, que intitulé: Dios, Caín y Abel,  es Marcos el que invita a su padre  para que acuda con él a su sesión.
En ambas se pone de relieve la trampa narcisista de Marcos:  intrasubjetiva e intersubjetiva. Trampa de una elaboración intrincada, en la que participa,  de un modo inconsciente, la  complacencia parental, al entronizarlo como  el incuestionado Rey primogénito que detenta un poder unívoco. Por su parte, Marcos desmiente el reconocimiento de la alteridad como sujetos discriminados y con derechos propios y no como meros objetos de su arbitraria descarga pulsional.

Sesión A: El Desconsiderado

La madre de Marcos me dice en la puerta del consultorio que desearía entrar con su hijo a la sesión para comentarme algunos hechos ocurridos durante las vacaciones de invierno, porque piensa que puede llegar a ser provechoso para el tratamiento.
Me aclara que su hijo ha aceptado de buenas ganas su propuesta.
-Por supuesto, dice Marcos. Yo sé que es para mi bien.
Los invito a ingresar al consultorio. Ambos se sientan tranquilos y la madre dirige una mirada cariñosa a Marcos, diciéndole:
-Vos sabés que yo te adoro. Yo ya te comenté, y también  lo hice aquí, que veo muchos avances en vos y que en muchas cosas sos casi otro chico. Pero estas dos semanas me di cuenta que hay otros comportamientos tuyos que me preocupan.
(Se dirige a mí). Marcos es desconsiderado y agresivo. Es desconsiderado conmigo, con Diego, menos con el papá. Ni piensa en el otro, cómo va a reaccionar.
Al hermano no lo puede ver. Le dice de todo: "Salí, tenés mal olor, no sabés jugar al tenis". Lo mandonea, le exige sin piedad: tráeme esto, tráeme aquello y el otro va, se le cuelga, le da besos y él lo rechaza. Y si no va, lo amenaza.
Cuando yo hablo con Diego, él interrumpe y empieza a decir: -Mamá- mamá- mamá y no me permite seguir hablando.
Se dirige a Marcos (cambia el tono de su voz).
-Yo te amo. Yo te perdono todo porque soy tu mamá y lo haré siempre. Pero los demás no tienen por qué hacer lo mismo que hago yo. Vos no considerás el momento del otro. Estoy en el baño y me empezás a hablar de afuera. Hablo por teléfono con una amiga y me hablás encima, como si nada. (Vuelve a dirigirse a mí).
Lo que no me entra en la cabeza y no llego a entender es por qué  se siente tan celoso de Diego.
Mi esposo y yo tratamos de que los dos tengan el mismo tiempo para cada  uno.
Mi hermano mayor era el pobrecito, el que no podía nada. Siempre decían: “pobrecito Lito”. Pobre Lito que no puede tener una casa linda como la tuya. Y a mí no me cuidaban. Me descuidaban.
Nosotros dos somos especialmente cuidadosos con los hijos. No queremos que exista esa diferencia.
El amor es para los dos. Ya lo sufrimos nosotros en carne propia.
Ayer me hizo sentir horrible con la profesora de inglés. A mí me cuestan mucho los idiomas y él le dice: -No hace nada mi mamá. Ella te dice que no puede; pero la verdad es que no hace nada.
(Se dirige nuevamente a él) -Me hiciste sentir mal. Es justo mi tema que no logro resolver y venís a poner el dedo en la llaga.  ¿Por qué tanta agresión conmigo? Ya no sos tan chiquito.
El analista le pregunta a Marcos si tiene algo para decirle a la mamá y responde:
-Sí, es así. No puedo decir otra cosa.  Pero Diego también me hincha a mí. Pero lo otro es así.
La madre: -Además me llamó la atención que cuando estábamos las dos familias juntas, los chicos jugaban entre ellos y vos te quedabas sentado con los grandes. Y yo  a eso también lo veo una desconsideración y agresión con tus amigos.
Marcos: -No me di cuenta, me interesaba lo que se estaba hablando en la mesa.  (Se irrita). Pero no lo hago a propósito. ¿No entendés?.

En ese momento me pregunté si la desconsideración y desconexión que describe la mamá de Marcos no tendrían cierta relación con la calidad de los primeros vínculos entre ellos, y entonces le pregunté cómo se sentía después del nacimiento de su hijo. Respondió que se sentía más que feliz: -Marcos fue el rey de la casa. Su llegada fue toda una conmoción familiar. El primer hijo, el primer nieto.
Entonces intervengo diciéndole a Marcos que  por momentos se siente como si aún fuera el rey,  el único que tiene derecho de hablar y de mandar y de dominar todo el territorio y a sus habitantes.
Marcos (se ríe): -Puede ser.
Madre: -Y es avasallador, no le deja ni un lugarcito a Diego (se dirige a Marcos).
Yo te voy a disculpar todo porque te amo, yo no sé si tus amigos te van a dejar pasar las barbaridades que yo aguanto y me lastiman.
Señalo a la mamá que amarlo no es precisamente disculparle todo, porque eso es  consentirlo. Y que aguantar y ser lastimado tampoco son sinónimos de amar.
Madre: -Sí, yo lo consiento, ahora entiendo la diferencia.
Marcos: (Se ríe): -¿Entendés? No me disculpes todo. (Apoya su mano sobre la mano de su madre y la acaricia con timidez).
Madre: -Antes no era así. Ahora está más mimoso. Pero yo veo que en estas vacaciones se bajoneó. No invitó a sus amigos.  Está demasiado tiempo con la televisión o leyendo la página deportiva de los diarios. O se queda jugando con la computadora. Lo veo demasiado solitario.
En esta primera sesión se focaliza con mayor precisión el riesgo de que Marcos permanezca detenido en un funcionamiento escindido de su personalidad, dentro del estado de “su narcisismo inicial, que en un comienzo lo incluye todo” (Freud) (11) , un estado que le confiere los derechos incuestionables de un Rey desconsiderado.
El término “desconsiderado”, empleado por la madre de Marcos, nos habla acerca de las relaciones narcisistas de objeto  de su hijo, en las que desmiente la existencia y reconocimiento del otro.
Las creencias narcisistas de Marcos del  unicato, de rey, se hallan a su vez reforzadas por la complacencia masoquista materna: “Yo te voy a disculpar todo, porque te amo. Yo no sé si tus amigos te van a dejar pasar las barbaridades  que yo me  aguanto aunque me lastiman.”
Considero que es función del analista de niños señalar a los padres la posición sufriente que  tienen antes sus hijos. En muchos casos, son los hijos los que se sitúan o son situados en el lugar del victimario por los progenitores. Éstos suelen inducir  a sus propios hijos a que asuman el sádico rol complementario de un verdugo, para dar cumplimiento a la satisfacción de sus propias mociones masoquistas y narcisistas.

Sesión B: Dios, Caín y Abel

 A la sesión siguiente Marcos, al ingresar al consultorio, me anuncia que dentro de unos minutos vendrá el padre porque él se lo ha pedido, para que yo le ayude a aclarar a su papá que es muy importante saber quién es aquél que inicia una pelea. Porque en esta última oportunidad, ha sido su hermano, y no él, el que empezó a insultar y a tirar juguetes, mientras él permanecía tranquilo en su habitación, haciendo la tarea escolar.
 Le pregunto por qué necesita que yo esté presente para hablar de frente con su padre. Me responde que todavía hay varias cosas que su papá no acepta y que  considera injustas y que delante de mí, puede hablarlas  más tranquilo.
 Llega el padre y con cariño le dice a Marcos que lo de anoche no ha sido una simple pelea más, sino un verdadero desastre, una suerte de guerra civil. Le  advierte que él no volverá a permitir más  que algo semejante se repita.
 Marcos insiste que fue Diego el iniciador de la pelea y que él le rompió tres hojas de la carpeta, obligándolo a  volver a hacer la tarea a la noche. Y que si bien él lo reventó a piñas, fue solo como respuesta a la previa provocación de  su hermano.
 En ese momento pienso que Marcos intenta ubicar a su padre en el lugar del Dios bíblico para verificar si prefiere a un hijo y condena la acción  del otro (Dios- Caín- Abel).
 En cambio el padre elude el actuar ese rol inducido con insistencia por Marcos,  argumentando que él no ha estado en el preciso momento de la pelea y por lo tanto,   no va a defender a uno ni va a castigar al otro. El papá considera  que ambos son responsables de la violencia desatada.
 Señala que, si bien Diego tiene un estilo más explosivo, a través de  las escenas escandalosas de gritos y de los objetos que arroja,  Marcos  es más incisivo y corrosivo.
 Le demuestra a Marcos cómo él lo provocó al hermano y lo desprecia; dice además  que en las últimas semanas  lo ve más autoritario con  las empleadas de la casa.
 Intervengo en el momento  para preguntarle a Marcos si tal vez invitó a su papá a venir  a su sesión para comprobar si seguía manteniendo la misma actitud del “Papá de sobra” que lo prefería de un modo elocuente  a él, pero que también  lo dejaba en el lugar del heredero y Rey.  O ahora es un papá diferente que impone un orden entre los hijos.
 Marcos llora con angustia y dice: -Papá es injusto. Se intensifica su llanto, su cara y sus manos se retuercen de dolor.
 El papá lo contempla con asombro. Me mira y sus ojos se humedecen.
Pregunto: -¿Qué es lo que en este momento les genera a ambos tanto dolor?
El padre responde: -Me duele ver cómo sufre Marcos. También me encanta ver cómo me enfrenta. Yo nunca lo pude hacer con mis padres. Pero su hermano lo adora y él lo rechaza y lo insulta; esto no puede continuar más así.
No sé si está bien lo que recién pensé, pero yo te lo digo, hijo: ¿No será que también te burlás y provocás a tus compañeros? (29)
Marcos le pide el pañuelo, se seca las lágrimas pero no le contesta la pregunta.
Le señalo a Marcos que su dolor es amplio y muy profundo. Tal vez porque se sienta estafado por los cambios de la actitud del papá, pero acaso este llanto ¿no tendrá algo de alivio, al sacarse el peso de ser el elegido y el que tiene más responsabilidades que asumir?
Me mira fijo. Ya no llora más. No contesta.
Le pregunto: -¿Cuáles son los beneficios de seguir ocupando el lugar del Rey de la casa?
Marcos: -No todos son beneficios. El Rey está alejado de todos.
Hay un montón de gente que te envidia, que te quiere matar.
No tenés amigos.
El Rey está solo.
Todo el día sentado en el trono sin hacer nada.
Lo único bueno es que tenés una riqueza y dominás todo (llora).
EL dolor  lacerante  de Marcos proviene del desgarro narcisista generado por las batallas de ambivalencia que se libran en las dimensiones intrasubjetivas e intersubjetivas.
 Las intrasubjetivas se dan por el conflicto que se entabla entre las instancias ideales de la personalidad: Yo ideal, el Ideal del yo y el Yo servil.   Marcos permanece capturado como un  Rey aislado dentro de la vanagloria  del primogénito. Trampa narcisista, en la que participa además la dimensión intersubjetiva del contrato  narcisista parento-filial, en el que ambos consignatarios  sellan el mandato de ser el incuestionado “su Majestad el Bebé”.

En esta sesión presenciamos el inicio del abandono de esta creencia inconsciente, abandono que despierta en un primer momento desilusión, dolor y violencia por la estafa en el incumplimiento de un contrato pretérito, por el cual se lo había erigido  como el natural y único heredero y beneficiario del patrimonio parental.
En un segundo momento padece  una intensa angustia, porque a través de su insight acerca de los beneficios y maleficios de ser el Rey, comienza el proceso de una desidealización gradual.
En efecto, la parte más secreta y omnipotente de su personalidad, la que él  nutría en complacencia con sus padres y abuelos, comienza a ser cuestionada y a resquebrajarse.
 “El modo  de pensamiento narcisista se funda en certezas y afirmaciones unívocas.  El funcionamiento narcisista de la personalidad no tolera ni las dudas ni las ambigüedades. No puede hacer frente a la desilusión. El yo idealizado da prueba de una gran “avidez  espacio- temporal.” (Resnik) (26).
El hecho de que Marcos comienza a tomar consciencia de su yo Rey y de que sus padres,  a su vez, comienzan a romper el contrato narcisista (2) sostenido hasta el presente, sumerge al niño en un estado confusional y de desvalimiento y a sus padres en un trabajo de elaboración complementaria;  padres e hijo se internan así en transitorias situaciones  de incertidumbre, pena y ternura, hasta que se instale gradualmente un nuevo reordenamiento de los lugares familiares.
Recordemos que en la sesión previa, la madre transmitió su preocupación por las tendencias antagónicas de expansión y de introversión de Marcos. Al relatar cómo su hijo actuaba desconsideradamente  e invadía el lugar discriminado del otro, alternando con momentos de aislamiento y de repliegue, nos describe una parte del funcionamiento narcisista de su hijo.
En la tendencia expansionista, el yo narcisista se apropia del espacio y de las cosas del mundo circundante, mientras el otro no es reconocido en calidad de sujeto. Lo contrario de la tendencia a la expansión megalomaníaca  es la introversión y retracción libidinal, en  la que el sujeto  se repliega sobre sí mismo  y se sustrae de la realidad objetiva.
Estas tendencias narcisistas se hallaban a la vez reforzadas desde la dimensión intersubjetiva  por la complacencia materna “que lo entendía, amaba  y padecía”, de un modo incondicional.
El padre, en cambio,  ha experimentado un giro (wendung) en esta sesión. Al decir y al actuar que no va a permitir nunca más que se desate entre sus hijos una nueva guerra civil, y al ejecutar un corte en su ambivalente  identificación narcisista y fraterna con su primogénito, quiebra una instalación simbiótica entre ambos: entre el mítico padre-Dios y su arbitrariedad en la elección de un único heredero. Introduce así la ley pacificadora del padre que regula y neutraliza la tragedia narcisista   activada por el costado tanático de los complejos fraternos.
Otro factor importante a destacar en este caso, es el asumido por su hermano Diego. Éste libra  su propio combate narcisista, fraterno y edípico, para alcanzar a ser reconocido y confirmado también en su identidad masculina por el padre y el hermano mayor.
Diego es aquél que se opone y combate con  furor  la desconsideración del padre y de Marcos. Si bien tiene su lugar preferencial en la economía libidinal de su madre, vuelve a irrumpir con violencia en la dinámica familiar, con la finalidad de quebrantar el sistema narcisista parento-filial, que privilegia unívocamente al primogénito. Diego permanece, en cambio, como un mendigo errante y angustiado, fuera de un lugar disponible  y discriminado  en el espacio mental paterno y fraterno.
En esta sesión, resulta elocuente la intrincada articulación que se estructura regularmente entre las dinámicas narcisista, edípica y fraterna. (20)
Su análisis me permite sostener que así como el sueño representa una vía regia para la develación y estudio del inconsciente, el complejo fraterno representa  otra vía regia para la develación, elaboración y eventual superación de las ambivalencias edípicas y de las  paradojas narcisistas.
 
 
 
 

del narcisismo parental  y sus efectos sobre las dinámicas edípica y fraterna. “El Yo ideal connota un estado de ser ya alcanzado, mientras que el Ideal del yo  connota un estado de devenir, que es preciso alcanzar. Designa una capacidad aún no realizada: es la idea de una perfección por la cual el yo debe esforzarse. El Yo ideal es la idea  del Yo como digno de ser amado en su ser, mientras que el Ideal del Yo es la idea del Yo como digno de ser amado por lo que procura ser. (Hanly) (16)
Esta diferencia entre el Yo ideal e Ideal del yo entre hermanos promueve distintos posicionamientos  de los hijos con respecto  a la asunción de las responsabilidades  en la transmisión  y perpetuación de la tradición intergeneracional.
Escuchemos los mandatos  de inmortalidad  y de especularidad del primogénito Jorge Luis Borges.
“Ciegamente reclama duración el alma arbitraria, cuando la tiene asegurada en vidas ajenas, cuando tú mismo eres el espejo y la réplica de quienes no alcanzaron tu tiempo y otros serán  ( y son) tu inmortalidad en la tierra.”
                                                                            ( Inscripción en cualquier sepulcro) (6)
4. Algunas consecuencias psíquicas  a partir de la diferencia en el orden del nacimiento  entre los hermanos.

Hago cierta y mía la reflexión de Freud (1916): “La posición del niño dentro de la serie de los hijos es un factor relevante para la conformación de su vida ulterior, y siempre es preciso tomarla en cuenta en la descripción de una vida”. (13)
En la experiencia clínica con Marcos se corrobora esta afirmación.
También la mitología y la literatura atestiguan el papel sustantivo que desempeña  el orden del nacimiento de los hijos, como una condición de fuerza impulsora  que interviene, bajo la forma de “protesta  fraterna”, en la formación de carácter y de la neurosis y, puntualmente, en la génesis y el dinamismo de los procesos identificatorios y sublimatorios.
Aclaro que no elevo  la protesta fraterna a la categoría de único factor que  determina  una tipología fija, sino como  un acontecimiento de singular importancia, junto a otros factores convergentes, ya que todo acontecimiento  está sobredeterminado  y demuestra ser el efecto de varias causas determinantes.
La clínica psicoanalítica  revela y corrobora que, con notoria frecuencia, suele ser el hermano menor el que intenta descubrir, conquistar y cultivar los nuevos territorios; mientras que el mayor suele  asumirse como el epígono  de la generación precedente, sobrellevando el ambivalente peso de actuar como el continuador y el  defensor que sella la inmortalidad  de sus predecesores.
 Freud El hijo mayor suele ser identificado, desde el proyecto identificatorio parental, como el destinado a ocupar el lugar de la prolongación y fusión con la identidad del padre.  Esta identificación es inmediata, directa y especular. Además, este  topos identificatorio es a la vez reforzado  por el propio hermano mayor con recelo, legitimidad y excesiva responsabilidad, interceptando en el menor el acceso identificatorio con las figuras parentales. Se evidencia en él un recelo en cuanto a  no ser cuestionado en su exclusivo lugar como el supuesto único y privilegiado heredero ante los  subsiguientes hermanos usurpadores, generándose en un gran número de casos “la división del botín filial”. El hijo mayor se encuentra programado como aquél que llega al mundo para restañar las heridas narcisistas del padre y para completarlo, y el menor, para nivelar la homeostasis  del sistema narcisista materno. La experiencia psicoanalítica nos enseña que la rígida división del “botín de los hijos”, ofrendados como meros objetos para regular la estabilidad psíquica de la pareja parental, es punto de severas perturbaciones en la plasmación de la identidad sexual y en el despliegue  de los procesos sublimatorios en cada uno  y entre los hermanos.
 El hermano menor exige un recorrido identificatorio más complicado para el logro de su identidad sexual, porque por un lado permanece excluido de un disponible lugar identificatorio con los progenitores  -circuito ya ocupado y vigilado por el otro-  y suele llegar -a través de un rodeo- a la búsqueda de nuevas alternativas exogámicas y lo más alejadas posible del territorio de la economía libidinal familiar, en la que el hermano mayor permanece investido como el legítimo heredero, o el  reconocido doble, a través del Mayorazgo.
 Este recorrido identificatorio genera un trabajo psíquico adicional en el hermano menor, acrecentándose su bisexualidad,  que puede llegar a  sublimarse,   propiciando la creatividad: camino intrincado para la plasmación de la identidad sexual, pero también propiciador de búsquedas y de nuevas incursiones  en los territorios desconocidos. El hermano menor suele ser eximido de ser el portador y garante responsable de la tradición familiar imperante. Mientras él suele ser el cuestionador y el creador, el primogénito, en cambio, es el epígono y el conservador.
 En Psicoanálisis de las masas y análisis del yo, Freud pone de manifiesto, a partir del mito de la horda primitiva y de los  cuentos populares, la hazaña heroica asumida por el hijo menor para separarse de la masa. En el texto que reproduciré a continuación, podemos colegir desde la metapsicología,  cómo las relaciones entre el complejo paterno y materno y los efectos del Yo ideal y del Ideal del yo ejercen sus influjos en las profundidades del alma  del hijo menor.
 "Así como el padre había sido el primer ideal del varón, ahora el poeta creaba el primer Ideal del yo en el héroe que quiso sustituir al padre. El antecedente del héroe fue ofrecido, probablemente, por el hijo menor, el preferido de la madre, a quien ella había protegido de los celos paternos y aquél que en los tiempos de la horda primordial se había convertido en el sucesor del padre. En la falaz transfiguración poética  de la horda primordial, la mujer que había sido el botín de la lucha   y el señuelo del asesinato, pasó a ser probablemente  la seductora e instigadora  del crimen.
 El héroe pretende haber sido el único autor de la hazaña que sin duda sólo la horda como un todo osó perpetrar. No obstante, como lo ha observado Rank, el cuento tradicional conserva nítidas huellas de los hechos que así eran desmentidos. En efecto,  en ellos frecuentemente el héroe, que debe resolver una tarea difícil -casi siempre se trata del hijo menor, y no rara vez de aquél que ha pasado por tonto, vale decir por inofensivo, ante el subrogado del padre-,  sólo puede hacerlo  auxiliado por una cuadrilla de animales pequeños (abejas, hormigas). Estos serían los hermanos de la horda primordial, de igual modo como en el sueño insectos, sabandijas, significan  los hermanos y hermanas (en sentido peyorativo:  como  niños pequeños). Además, en cada una de las tareas que se consignan en el mito y los cuentos tradicionales, se discierne con facilidad  un sustituto de la hazaña heroica”. (, 1921). (15)
Freud subraya en este párrafo la importancia ejercida por la  complacencia materna en la  plasmación de la fantasía épica  y parricida en el hijo menor. En el primogénito, en cambio, se establece preferentemente un contrato narcisista entre el padre y el hijo mayor, en el que prevalecen fantasías de fusión y de  especularidad, signadas por la ambivalencia  entre la mortalidad e inmortalidad.
 Estas fantasías se tornan audibles  en los mandatos impuestos por el  tirano Creón a su hijo Hemón, en la Antígona de Sófocles.

 Creón:  “Así, hijo mío,  conviene  guardar en el corazón, ante todo y sobre todo, los principios  que un padre formula.
 Porque ésta  es la razón de  que los padres ansíen tener en su hogar hijos totalmente sumisos, esos hijos que ellos engendran.
De este modo,  para sus enemigos son tremendos vengadores; para los amigos de su padre, son tan amigos como él.
  Ay, aquél que engendró hijos sin  provecho, dime, hijo mío, ¿qué logra sino crearse a sí mismo infortunios  y a sus enemigos fuente de desprecio?”  (28)

 El primogénito es el primer heredero que anuncia la muerte a la inmortalidad de su progenitor y sobrelleva una mayor ambivalencia y rivalidad por parte del padre. Éste suele  negarlas a través de la formación reactiva del  control y cuidados excesivos sobre el hijo, llegando al extremo de estructurar entre ambos una simbiosis padre-hijo. (17)
 En esta simbiosis, padre e hijo se alienan en una recíproca captura imaginaria. Ambos tienden  a reencontrar, en cada uno, a una parte del sí-mismo propio, y entre ambos se constituye una relación singular, que involucra a los participantes y genera a la vez efectos alienantes sobre cada uno.
 A esta  relación la he denominado relación centáurica, en la cual  el padre representa la cabeza de un ser fabuloso y el hijo,  el cuerpo que lo continúa  completándolo.
 Las  frecuentes identificaciones narcisistas que suelen recaer sobre el primogénito tienen un aspecto defensivo para la economía libidinal del padre. Sirven para sofocar  un amplio abanico de afectos que abarca,  además de las angustias y de los sentimientos de culpabilidad inconscientes y conscientes,  otra serie de efectos hostiles tales como odio, celos, resentimiento y envidia ante la presencia  del  primer hijo, que llega como intruso y rival,  para provocar su exclusión y generar una desarticulación en la regulación libidinal de la pareja.
 Además,  el establecimiento de las relaciones de objeto narcisistas parento-filiales desmiente la diferencia entre las generaciones y paraliza el acto de la  confrontación generacional. De esta manera, el padre intenta perpetuarse en la hegemonía del ejercicio de un poder atemporal sobre el hijo, y se rehusa a confirmarlo como su sucesor y como su natural heredero, aquél que finalmente  llegará a suplantarlo.
Esta sempiterna ambivalencia entre la mortalidad e inmortalidad se encuentra ya manifiesta en los arcaicos conflictos que los patriarcas de la biblia han tenido con sus primogénitos, y en sus efectos en las rivalidades fraternas. Así, Abraham abandona  a Ismael en el desierto, e Isaac no bendice al primogénito Esaú, y tampoco Jacob a Rubén. Este bíblico  conflicto parento-filial extiende sus influjos  sobre los vínculos entre los hermanos, generando, desde sus orígenes y hasta nuestros días, la compulsión repetitiva de los enfrentamientos  más sangrientos entre las religiones y los pueblos.
El primogénito es investido  como el primer soporte  del ideal narcisista de omnipotencia e inmortalidad del padre. Recae  privilegiadamente sobre él  el Yo ideal de otro ser, vía identificaciones primarias.
El Yo ideal sirve de base a lo que Lagache (24) ha descrito con el nombre de identificación heroica. Para este autor, la formación del Yo ideal tiene implicancias sado-masoquistas, en especial la negación del otro, correlativa a la afirmación de sí mismo. Para Lacan el Yo ideal constituye también una formación esencialmente narcisista,  que tiene su origen en la fase del espejo, y que pertenece al registro de lo imaginario. (22) y (23)
El padre procura recuperar,  a través del primogénito, el estado llamado de omnipotencia del narcisismo infantil. Lo inviste como su doble especular, ideal e inmortal. Al primogénito se le adjudican identificaciones  preestablecidas, listas para usar, mientras que sobre el segundogénito  suelen recaer idealizaciones  menos directas y masivas, e identificaciones  menos precisas  y más próximas  al Ideal del yo  que al Yo ideal parental.
La diferencia entre estas dos formaciones  intrapsíquicas es  fecunda para poner de relieve la génesis y función paradojal
“He sabido, antes de haber escrito una sola línea, que mi destino sería literario.” (7)
 

Las diferencias entre el primogénito y los hermanos subsiguientes generan inevitablemente entre ellos recíprocas y acérrimas rivalidades y protestas.  Sostengo aquí que éstas requieren ser analizadas  con exhaustivo detalle, si se quiere evitar que el diferente lugar en el orden del nacimiento entre los hijos no desempeñe psíquicamente otro  lecho de  roca y una  inexorable marca del destino.

5. Rivalidad y protesta fraternas

En el historial clínico “Sobre la psicogénesis  de un caso de homosexualidad femenina" Freud (1920) nos revela la importancia que ejerce la rivalidad  fraterna en la determinación de la elección de objeto sexual y en el ámbito de la elección vocacional.
Describe el “hacerse a un lado” como la manifestación de una rivalidad eludida, que no depende solo de situaciones edípicas no resueltas, sino que implica además los componentes narcisistas relacionados con la dinámica paradojal del doble, maravilloso y ominoso,  resignificado a través del hermano.
Dice Freud: “Como hasta ahora ese “hacerse a un lado” no se había señalado entre las causas de la homosexualidad, ni tampoco con relación  al mecanismo de la fijación  libidinal, quiero traer a colación aquí una observación analítica similar, interesante por una   circunstancia particular. Conocí cierta vez a dos hermanos mellizos, dotados ambos de fuertes impulsos libidinosos. Uno de ellos tenía mucha suerte con las mujeres y mantenía innumerables  relaciones con señoras y señoritas. EL otro siguió al comienzo el mismo camino, pero después se le hizo desagradable cazar en el coto ajeno y ser confundido con aquél en ocasiones íntimas  en razón de su parecido; resolvió la dificultad convirtiéndose en homosexual. Abandonó las mujeres a su hermano, y así  “se hizo a un lado” con respecto a él. Otra vez traté a un hombre joven, artista  y de disposición inequívocamente bisexual, en quien la homosexualidad  se presentó contemporánea  a una perturbación en su trabajo. Huyó al mismo tiempo de la mujeres y de su obra. El análisis, que pudo devolverle ambas, reveló que el motivo más poderoso de las dos perturbaciones -renuncia en verdad-  era el horror al padre. Esta clase de motivación  de la elección homosexual de objeto tiene que ser frecuente; en las épocas primordiales del ser humano fue realmente así: todas las mujeres pertenecían al padre  y al jefe de la horda primordial.
En hermanos mellizos ese “hacerse a un lado” desempeña un importante papel también en otros ámbitos, no solo en la elección amorosa. Por ejemplo, si el hermano mayor cultiva la música y goza de reconocimiento, el menor, musicalmente más dotado, pronto interrumpe sus estudios musicales, a pesar de que desea dedicarse a ello, y es imposible moverlo a tocar un instrumento. No es más que un ejemplo de un hecho común  y la indagación de los motivos que llevan   a hacerse a un lado, en lugar de aceptar la competencia,  descubre condiciones psíquicas muy complejas. (Freud, 1921) (14).
En el “hacerse a un lado”, se reavivan  entre los hermanos  fantasías fratricidas, de excomulgación y de gemelidad. Fantasía  ésta última en la cual existe un solo tiempo, un solo espacio y una sola posibilidad para dos. (19)
Se reinstala así la relación sado-masoquista de un hermano que ejerce un excesivo control y un poder de sumisión obsesivo y perverso sobre el otro hermano. Al satisfacer sobre éste  sus mociones agresivas  se genera entre ambos un campo perverso   en el que se reactivan  las rivalidades edípicas  pero también las fraternas, que no se trasponen entre sí. En ambas intervienen diferentes angustias, sentimientos de culpabilidad y fantasías, que suelen desplegarse tanto en el hermano mayor  como también en el menor, bajo distintas formas de protesta fraterna: conscientes e inconscientes, manifiestas y latentes, reprimidas y escindidas.
En la protesta fraterna, uno de los hermanos manifiesta una agresión franca y un rechazo indignado  hacia otro hermano que, según él, sustenta un lugar favorecido e injusto. No oculta su hostilidad  porque, desde la lógica  de su narcisismo, la presencia del otro es vivida como la de un rival e intruso que atenta contra la legitimidad de sus derechos y a la vez resignifica  al “Homo Homini Lupus”  que subyace en la vida anímica.
En las protestas fraternas circulan una amplia gama de  afectos, fantasías y poderes hostiles, no sólo desde el hermano mayor hacía el menor,  ya que también éste acumula, en  el tesoro mnémico de sus afectos, una intensa rivalidad hacia el primogénito, originada por la relación de dominio durante el período infantil entre ellos y por los sentimientos de culpa suscitados a partir  de los pactos secretos  que cada hijo establece con una  o con ambas figuras parentales.
En efecto, cada hermano,  desde su  diferente lugar en el orden de nacimiento, porta diversas protestas fraternas.
Recuerdo el reclamo de un analizante que ocupaba el “hilvanado” lugar del hermano menor en la constelación familiar. -Mi madre  decía: "Al primero se lo borda, al segundo se lo cose y al tercero se lo hilvana”.
En la observación directa con niños en la vida cotidiana,  se observa que  el anuncio del nacimiento de un hermano provoca una súbita revulsiva herida narcisista  acompañada de encarnizadas  protestas y rivalidades.
Transcribo la advertencia proferida por una niña  de cinco años a su hermanita de dos, inmediatamente después de que la madre les había anunciado a ambas la llegada de una nueva hermanita: -Que sepas que yo seguiré siendo por siempre la más grande, pero vos  ya no serás la más chiquita.
Y a continuación transcribo las diferentes respuestas  de un hermano de ocho años y de su hermana de dos  y medio, en el momento en que la madre anuncia a ambos  que está embarazada de un nuevo hemanito.
El hijo mayor exclamó con alegría: -¡Qué suerte! Tendré un hermano para jugar con él al fútbol, mientras que la pequeña bajó su mirada y enmudeció. La madre dudó si la pequeña había comprendido y le preguntó: -¿Escuchaste bien lo que les dije? A ver ¿qué tiene mamá en la panza? Y la niña  con voz grave respondió: -Un tonto.
Cuando la pequeña fue al sanatorio a ver  a su hermano recién nacido se acercó a su madre y con voz baja le murmuró al oído: -¿Ya salió el hermanito? ¿Después lo ponemos adentro de vuelta?
En el sujeto la protesta fraterna  se origina por la efracción  de una creencia narcisista  acerca del ilimitado  poder  detentado por  “Su Majestad el Bebé”. La presencia del otro quiebra esa creencia inconsciente que suele escenificarse en la fantasía que denominé la fantasía del  unicato.
“El unicato es una denominación acuñada a fines del siglo XIX, aplicada al gobierno de un solo partido reaccionario y corrupto. El eje de ese sistema político era una concepción  absolutista de un poder ejecutivo unipersonal  que inutilizaba y avasallaba  a los demás, impidiendo el establecimiento  de una oposición organizada”. (Romero J.L.) (27). Con insólita frecuencia hallamos que el deseo de permanecer en el lugar del unicato se ha conservado en lo inconsciente  y despliega desde la represión sus efectos particulares.
Esta fantasía se edifica como el Yo ideal mismo -que es un cultivo puro de narcisismo- sobre la base  de desmentidas, y en virtud de éstas  conserva su existencia. Frente a la muerte eleva su pretensión de inmortalidad, y frente a las  angustias del mundo y sus contingencias,  aferra su invulnerabilidad  al peligro. Él, en sí y por sí, es digno del amor, del reconocimiento y del poder ilimitado e inquebrantable.

Epílogo: El Complejo Fraterno y sus cuatro funciones

El Complejo Fraterno es un conjunto organizado  de deseos hostiles y amorosos  que el niño experimenta respecto a sus hermanos.
Este complejo no puede reducirse a una situación real, a la influencia ejercida por la presencia de los hermanos en la realidad externa, porque trasciende lo vivido individual. También el hijo único requiere, como todo ser humano, asumir y tramitar los efectos generados por la forma  singular en que este  complejo se construye en cada sujeto.
Podemos diferenciar cuatro funciones:
a) Sustitutiva
b) Defensiva
c) Elaborativa
d) Estructurante

a) La función sustitutiva del Complejo Fraterno se presenta como una alternativa para remplazar y compensar  funciones parentales fallidas.
La sustitución puede también operar, por un lado,  como función elaborativa del Complejo de Edipo y del narcisismo y  por otro lado, como función defensiva  de angustias y sentimientos hostiles relacionados con los progenitores pero desplazados sobre los hermanos.
La función sustitutiva la describe Freud(1916) en la Conferencia Nº 21, señala  que “cuando estos hermanitos crecen, la actitud para con ellos  sufre importantísimas mudanzas.
El chico puede tomar a la hermana como objeto de amor en sustitución  de la madre,  infiel; entre varios hermanos  que compiten por una hermanita más pequeña ya se presentan las situaciones de rivalidad hostil que cobrarán significación más tarde en la vida.
Una niñita encuentra en el hermano mayor un sustituto del padre, quien ya no se ocupa de ella con la ternura de los primeros años, o toma a un hermanito menor como sustituto del bebe que en vano deseó del padre.” (Freud,1916. T. XVI) (13).

b) La función defensiva del Complejo Fraterno se manifiesta cuando éste encubre situaciones  conflictivas edípicas y/o narcisistas no resueltas. En muchos casos  sirve para eludir y desmentir la confrontación generacional, así como para obturar las angustias.
Esta función defensiva  se ve facilitada  en virtud del fenómeno del desplazamiento, a través del cual se producen falsos enlaces que  originan múltiples malentendidos; éstos se presentifican en la experiencia clínica, como así también en la mitología y en la literatura -por ejemplo, en la obra teatral El Malentendido de A. Camus.(8)
Con mucha frecuencia, los mismos padres son los que  provocan  falsos enlaces entre  los complejos paterno, materno y parental con el complejo fraterno y promueven a la vez competencias hostiles entre los hijos. “Dividen para reinar”. De ese modo, interceptan  entre los hermanos la posibilidad de construir  lazos solidarios de confraternidad, para fundar entre ellos un poder horizontal que contraste y confronte precisamente  el  abuso del poder  vertical detentado por los padres en la dinámica familiar.

c) El Complejo Fraterno ejerce una función elaborativa fundamental en la vida psíquica, no sólo por su propia envergadura estructural, sino porque colabora, además, en el incesante  trabajo de elaboración y superación  de los remanentes  normales y patológicos del narcisismo y de la dinámica  edípica que se presentan a lo largo de toda la vida.
Así como el Complejo de Edipo pone límite  a la ilusión de omnipotencia del narcisismo (Faimberg) (9), también el Complejo Fraterno participa en la tramitación y desasimiento  del poder vertical detentado por las figuras edípicas y establece otro límite a las creencias narcisistas relacionadas  con las fantasías del “unicato”.
En cambio, el  sujeto que permanece fijado  a traumas fraternos, no logra una adecuada superación de la conflictiva edípica  y permanece en una atormentada rivalidad  con sus semejantes,  que puede llegar a  cristalizarse en la repetición tanática  de “los que fracasan al triunfar”. En esta conducta no sólo actúan las culpas edípicas no elaboradas, sino que participan además  las culpas fraternas  y narcisistas, con sus correspondiente necesidad de castigo consciente e inconsciente.

d) El Complejo Fraterno posee un papel estructurante  y un carácter fundador en la organización de la vida anímica del individuo, de los pueblos y de la cultura.
Participa en la  estructuración de las dimensiones intrasubjetiva, intersujetiva y transubjetiva a través de los influjos que ejerce   en la génesis y mantenimiento de los procesos identificatorios en el yo y  en los grupos, en la constitución del superyó e ideal del yo y en la elección del objeto de amor.
En el apartado II de la Introducción al narcisism o (1914), Freud desarrolla un sucinto panorama  de los caminos para la elección de objeto. Señala  dos formas de amar: una según un tipo narcisista y otra de acuerdo al modo del apuntalamiento. En la primera se ama

1) A lo que uno mismo es (a sí mismo).
2) A lo que uno mismo fue.
3) A lo que uno querría ser.
4) A la persona que fue una parte del sí mismo.

 Cuando describe el tipo de elección del objeto del apuntalamiento,  marca únicamente dos modelos del amar: según “la mujer  nutricia y el hombre protector y  las personas sustitutas que se alinean   en cada uno de estos caminos” (Freud T. XIV, 1914) (11),  pero no incluye al hermano o hermana como a un otro  y a un semejante que cuenta en la vida anímica del individuo, con total seguridad, “como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo; por eso desde el comienzo mismo, la psicología individual es simultáneamente psicología social en este sentido más lato, pero enteramente legítimo”. (Psicología de las masas y análisis del yo. 1921, T. XVIII ) (15)
 Si bien “en el complejo de Edipo, se conjugan los comienzos de religión, eticidad, sociedad y arte” (Freud, Totem y Tabú, 1913.  T. XIII ) (10), es necesario afirmar que el Complejo Fraterno juega también un papel decisivo en estos comienzos.

Los textos freudianos aquí citados,  y el aporte de la experiencia  clínica  con Marcos o “el niño Rey que está solo” nos han posibilitado deducir que el Complejo Fraterno -a través  de sus cuatro funciones- amplía, de un modo elocuente, las fronteras del conocimiento  de los incesantes e intrincados psicodinamismos  que intervienen  durante la permanente  estructuración y desestructuración  de las realidades psíquica y social.
Así como en toda neurosis se presentan fenómenos narcisistas, lo que no equivale a afirmar que Narciso desplazó a Edipo, sino que resulta necesario concebirlos juntos en un complejo interjuego, que también da cuenta de las relaciones entre lo intrasubjetivo, lo intersubjetivo y lo transubjetivo, del mismo modo debemos incluir a los complejos fraternos con sus propias dinámicas y articulaciones con las estructuras narcisista y edípica, tanto “en la simplicidad aparente de lo normal, así como también en las desfiguraciones y exageraciones de lo patológico”. (11)
La inclusión de los psicodinamismos referidos a la fratría en la estructuración de la vida psíquica no intenta clausurar ninguno de los temas concernientes a la nodal importancia de Narciso y Edipo. Al contrario, una de sus finalidades centrales es, precisamente, reabrir cuestiones partiendo desde el complejo fraterno al complejo de Edipo y al narcisismo y viceversa, lo cual posibilita una mayor captación de la complejidad del alma humana y una posible superación de los obstáculos que se erigen en los procesos analíticos, bajo una luz más amplificadora y no accesible hasta entonces.

Bibliografía

(1). Aragonés  R. J. “El narcisismo como matriz de la teoría psicoanalítica”, Nueva Visión. Buenos Aires, 1999. pág. 163.
(2). Aulagnier   Piera  “Los dos principios del funcionamiento identificatorio:  permanencia y cambio”. Revista Argentina de Psicopatología.  Vol. II,   Nº 8, pág. 7.
(3). Baranger  M.  “Fantasía de enfermedad y desarrollo del insight en el análisis de un niño”. Revista Uruguaya de Psicoanálisis. 1956. T. I, Nº 2, pág. 166.
(4). Baranger  M., W. y  Mom J. “El trauma psíquico infantil de nosotros a Freud”. Revista de Psicoanálisis. 1987. T. 4, pág. 770.
(5). Baranger  W  “ La situación analítica como producto artesanal. La artesanía psicoanalítica”. Kargieman. Buenos Aires. 1994. pág. 460.
(6). Borges J.L. (1923) “Inscripción en cualquier sepulcro” Obras Completas. Emece, Buenos Aires. 1974. pág. 35.
(7). Borges  J.L.  (1977) “Todo Borges”, Buenos Aires, Ed. Atlántida. 1982.
(8). Camus  A. “El malentendido”. Losada. Buenos Aires. 1992. Pág. 49.
(9). Faimberg  Corel  “Repetición y Sorpresa”. Revista de Psicoanálisis. 1989. T. XLVI, Nº 5, pág. 721.
(10). Freud. S. (1913) “Tótem y Tabú”. A.E.T. XII. pág. 158
(11). Freud. S. (1914) “Introducción al narcisismo” A.E.T. XIV. Pág 87.
(12). Freud  S. (1916) “Conferencia Nº 13: Rasgos arcaicos e infantilismo del sueño”. A.E.T. XV, pág. 189.
(13). Freud. S. (1916)  “Conferencia Nº 21”: Desarrollo libidinal y  organizaciones sexuales” A.E.T  XVI, pág. 304- 305.
(14). Freud  S.  (1920)  “Sobre la psicogénesis de un caso  de homosexualidad femenina”  A.E.T.  XVIII, pág. 152.
(15). Freud  S.  (1921)  “Psicología de las masas y análisis del yo”  A.E.T.  XVIII  pág. 67 y 128.
(16). Hanly  Ch.  “Ideal del yo y Yo ideal” Revista de Psicoanálisis. 1983, T.  XL  1, pág. 192.
(17). Kancyper  L.  (1989)  “Jorge Luis Borges o el laberinto de narciso”. Paidós. Buenos Aires, 1989, pág. 35.
(18). Kancyper  L.  (1991)  “Remordimiento y Resentimiento en el Complejo Fraterno”. Revista de Psicoanálisis, 1991, T. XLVIII. Y en el libro de “Resentimiento y Remordimiento”. Paidós. Buenos Aires. 1991.
(19). Kancyper  L. (1995)  “Complejo Fraterno y Complejo de Edipo”  Revista de Psicoanálisis. 1995, T. LII  Nº 3. Y en el libro “ La confrontación generacional” Paidós. Buenos Aires. 1997.
(20). Kancyper  L.  (1998)  “Complejo Fraterno y Complejo de Edipo en la obra de Franz Kafka”. Revista de Psicoanálisis. 1998. T. LV, Nº 2.
(21). Kancyper  L.  (2001) “El Complejo Fraterno trófico y tanático en la obra de J.L. Borges” Revista de Psicoanálisis. 2001. T. LVIII, Nº1.
(22)  Lacan   J.  “Ideal del Yo y Yo ideal” Seminario 1. Paidós, Barcelona. 1981, pág. 197.
(23). Lacan  J. “ El estadio del espejo”  Escritos 1. Siglo Veintiuno, México. 1976, pág. 11.
(24).  Laplanche J. y Pontalis  J.  “Diccionario de Psicoanálisis” Madrid, Labor. 1971.
(25).  Mujica  H.  “No se elige, se acontece” Revista Viva del diario Clarín, Buenos Aires, 15/ VII/ 2000.
(26).  Resnik  S. “Acerca de la depresión  narcisista”. Revista de Psicoanálisis. 1977. T. XXXIV, Nº 1,  pág. 146.
(27) José Luis Romero  “Las ideas políticas en la Argentina”. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 1956. Pág. 188.
(28) Sófocles  “Antígona”.  Porrúa. México. 1991. Pág 197- 198..
(29) Vallino D. y  Macción  M.   “ Note sul complesso fraterno nei grupi”  Psiche Vol.2. 1996. Roma. Pág. 62.

El Dr. Luis Kancyper es Miembro  Titular en función didacta y docente de la Asociación Psicoanalítica Argentina, además es autor de numerosas artículos de clínica, metapsicología y técnica psicoanalíticas, publicados en las principales revistas internacionales de psicoanálisis.
Desde hace muchos años dicta seminarios y supervisiones en las Sociedades de psicoanálsis de America Latina y Europa.
Sus libros han sido traducidos a varias lenguas:
Jorge Luis Borges o el laberinto de Narciso
Edit. Paidos. 1989
Resentimiento y remordimiento . Un estudio Psicoanalítico.
Edit. Paidos 1991
La confrontación generacional. Estudio psicoanalítico.
Edit. Paidos ( primera edición 1979)
Edt Lumen 2003 ( segunda edición)
* Dirección: Güemes 2963, 10°- (1425) Buenos Aires- República Argentina
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